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Editorial

NARCOABOGADOS, TRÁNSFUGAS Y EXDIPUTADOS ENTRE ASPIRANTES A DEFENSOR DEL PUEBLO

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Se viene la escogencia del nuevo Defensor del Pueblo… y entre los aspirantes hay tremendos elementos dignos del Escuadrón Suicida.

Aquí un resumen rápido de algunos.


Feliz Humberto Paz

Abogado de Ricardo Martinelli.

El tipo literalmente defiende a quien le robó millones al pueblo… y ahora viene a decir que quiere ser defensor.

Y ni hablar de sus vínculos como abogado de varios cabecillas que han estado en la cárcel de máxima seguridad de Punta Coco.


Rubén Frías

Exdiputado de La Chorrera.

Un clásico.

Siendo diputado, no sabía ni qué decía el artículo de la Constitución que define sus funciones.

Y eso sin entrar en los escándalos de planillas abultadas y familiares nombrados.


Ángela Russo

Exmagistrada de la Corte Suprema de Justicia, nombrada por Juan Carlos Varela.

Votó a favor de Arquesio Arias en el caso de abuso sexual contra múltiples niñas en la Comarca Guna Yala.

No pudo defenderlas a ellas… ¿y ahora va a poder defender al resto de Panamá?


Ricardo Valencia

Actualmente suplente de una abogada vinculada a casos de narcotráfico y de un lavador prófugo.

Y tampoco olvidemos aquel episodio donde, literalmente, se le olvidó quitarse el esmalte antes de tomar posesión como suplente.

Nivel.


Luis Aldeano

El eterno candidato.

Ha pasado por todo: Movin, Panameñista… hasta intentó alinearse con Ricardo Martinelli y no le salió.

Ahora quiere venderse como independiente.


Eduardo Leblanc

El actual defensor quiere ser reelegido.

Y en su desesperación, salió públicamente a respaldar una ley que buscaba beneficiar legalmente a Ricardo Martinelli, intentando ganar puntos con los diputados de RM para que le den el voto.

Así de arrastrado.

En vez de defender al pueblo… termina defendiendo a los mismos de siempre.


¿Y estos son los candidatos?

Y bueno… esto es solo el pedigrí de algunos de los que aspiran al cargo.

Administrador de salones de reuniones…

digo, Defensor del Pueblo.

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Editorial

¿QUÉ CARAJOS CON EL ETANOL EN LA GASOLINA?

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Vamos por partes.

Lo bueno (porque sí, lo hay)

La mezcla que se está planteando es E10, o sea, 10% etanol y 90% gasolina.

Eso no es ningún experimento raro. En países como Estados Unidos, uno de los países con mayores regulaciones y controles automotrices del mundo, prácticamente toda la gasolina es así… y no ha pasado absolutamente nada.

Miles de millones de carros rodando normal, sin que se estén desbaratando los motores, como algunos vendehumo quieren dar a entender.

Lo mismo en Brasil, Argentina, India, Canadá… y una lista larga de países que ya entendieron que esto no es brujería.

¿Por qué lo hacen?

  • Menos dependencia del petróleo. En el panorama actual —guerras, crisis, etc.— sería bastante absurdo no buscar alternativas para distanciarnos de los combustibles fósiles.
  • Mejor octanaje para los carros.
  • Menor impacto ambiental en emisiones directas.

Y ojo: el E10 está más que estudiado. No es que “vamos a ver qué pasa”… ya se sabe que es compatible con la gran mayoría del parque vehicular de Panamá, exceptuando los vehículos muy, muy, muy viejos (más de 30 años), que realmente no deberían ni estar circulando.


Lo incómodo (porque aquí tampoco nadie es pendejo)

El etanol sale de la caña de azúcar.

¿Y quién produce la caña?

Exacto: los ingenios azucareros.

O sea, esto también es un negocio. Y un negocio bien grande, además con demanda asegurada si el Estado lo impone.

Panamá no tiene la capacidad ni la tierra suficiente para sembrar toda la caña que se requeriría para cubrir ese 10% de etanol en la gasolina. Eso significa que parte del etanol tendrá que ser importado.

Y ahí viene otra pregunta clave:

¿a qué precio? Porque en algunos casos el etanol puede ser incluso más caro que la gasolina.

¿Y quién importa? ¿Privados? ¿El Estado? ¿Quién se queda con ese margen?


Donde empieza el ruido

El actual contralor, Anel “Bolo” Flores, es propietario del Ingenio de Alanje, uno de los más grandes y tecnificados de Centroamérica.

Y sí, voy claro: Bolo no es santo de mi devoción, ni yo de la de él.

Pero también hay que decir la vaina como es.

Sería bastante absurdo pretender que una persona que lleva años en esa industria, con uno de los ingenios más importantes de Panamá, tenga que desaparecer del mapa únicamente por ocupar un cargo público.

Eso no es realista.

Lo que sí corresponde —y con lupa— es fiscalización:

  • quién le vende al Estado,
  • a qué precio,
  • bajo qué condiciones,
  • y si hay o no ventajas indebidas por el cargo que ocupa.

Porque aquí el problema no es que exista industria.

El problema es cuando la política se convierte en un atajo para hacer negocio sin controles.


La otra cara que muchos ignoran

Porque sí, los ingenios van a ganar.

Pero también hay otra realidad:

  • Un incremento importante en el empleo rural
  • Mayor movimiento económico en el interior del país, que bastante lo necesita

Porque esa caña extra, señores, no se siembra ni se cosecha sola.


No es blanco o negro

Esto, por más que algunos quieran hacerlo ver, no es blanco o negro. Está lleno de grises.

Esto es Panamá tratando de no quedarse atrás en una tendencia global —lo cual está bien—, pero con el reto de hacerlo correctamente.

Con claridad.

Con confianza.

Y sin la sospecha de que alguien está haciendo caja por detrás.


La verdadera pregunta

La pregunta no es si el etanol funciona, porque está más que comprobado que sí. No pretendamos inventar una rueda que se inventó hace muchísimo tiempo.

La pregunta es:

¿Somos capaces de implementarlo sin la maleantería que suele caracterizarnos como país?

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Editorial

DE GUSANOS A “INVERSORES”

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Durante décadas, el régimen cubano tuvo un nombre claro para quienes decidían abandonar la isla: “gusanos”.

Desde 1959, emigrar no era solo irse del país; era convertirse en traidor, en vendido, en enemigo de la revolución. A esos cubanos se les cerraron las puertas, se les confiscaron propiedades y se les borró del relato oficial. No existían, salvo como ejemplo de lo que no se debía ser.

Hoy, ese mismo régimen parece haber hecho las paces con la realidad. Porque esos “gusanos” ahora son bienvenidos… siempre y cuando lleguen con capital.

Lo anunciado recientemente en Cuba suena, sin exagerar, a una especie de perestroika tropical. Un intento de apertura económica que recuerda inevitablemente a lo ocurrido en la Unión Soviética en los años 80, cuando un sistema agotado comenzó a flexibilizarse no por convicción ideológica, sino por pura necesidad.

El detalle no menor es quién dio el anuncio. No fue el presidente. No fue un ministro. Fue el nieto de Fidel y Raúl Castro. El apellido, una vez más, ocupando el centro del escenario.

Esto abre interrogantes inevitables. ¿Se trata realmente de una política de Estado o de una señal de que el poder sigue concentrado en los mismos de siempre? Y más aún: ¿hay detrás de este movimiento algún tipo de negociación con Estados Unidos, incluso condicionada a cambios en la cúpula política, como la eventual salida de Díaz-Canel?

Más allá de las especulaciones, los cambios anunciados son claros.

Primero, se abre la puerta a que los cubanos en el exterior puedan invertir formalmente en la isla. Segundo, se reconoce —aunque sin decirlo explícitamente— el peso económico del exilio, ese mismo que durante décadas fue despreciado. Tercero, se prometen menos trabas para facilitar la entrada de capital. Y cuarto, se priorizan sectores clave como el turismo, la infraestructura y los negocios privados.

En términos simples: el mismo sistema que expulsó a miles de cubanos ahora les envía una invitación de regreso, con condiciones incluidas.

La ironía es difícil de ignorar. Durante años, el discurso oficial posicionó al capitalismo como el gran enemigo. Hoy, ese mismo sistema parece decir: “vengan y sálvennos con su dinero”.

Cuando la ideología choca con la realidad económica, la historia ha demostrado que la ideología suele ceder. El papel aguanta todo, de lado y lado, pero las economías no.

La gran pregunta es si esto representa una apertura genuina o simplemente otro parche para prolongar la vida de un modelo que lleva años mostrando signos de desgaste.

Porque si algo enseñó la experiencia soviética es que las aperturas controladas, cuando llegan tarde, rara vez terminan bajo control.

Cuba parece estar entrando en ese terreno.

Y así, sin mucho ruido, el régimen pasa de llamar “gusanos” a sus exiliados… a verlos como inversores potenciales.

Cosas del comunismo cuando empieza a oler a mirto.

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Editorial

POR QUÉ A VECES SE NECESITA QUE UN “HERMANO MAYOR” INTERVENGA

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Esta es una opinión muy impopular, pero pero cada día parece ser más la realidad.

En países donde los regímenes opresores se aferran al poder con violencia —como Venezuela, Cuba Nicaragua o Irán — no existen mecanismos sociales ni políticos que permitan una transición real hacia la libertad sin una intervención externa de un actor poderoso, como me gusta decirle “hermano mayor” . No es tema de izquierda o derecha —los regímenes totalitarios vienen en todos los colores y sabores—, pero la historia muestra que sin ese “hermano mayor” global, las dictaduras se perpetúan por generaciones.

Por ejemplo Irán, masivas protestas recientes por derechos civiles y libertades básicas han sido calladas con violencia extrema. Organizaciones de derechos humanos han reportado decenas de miles de muertos y arrestadas. Mientras el mundo entero se da cuenta que a punta de comunicados de la ONU y cadenas de oración absolutamente NADA CAMBIA.

Mira Nicaragua por ejemplo, en 2018, una ola de protestas contra el gobierno de Ortega fue brutalmente reprimida por el Estado, dejando más de 300 muertos en un mes y miles de exiliados a la fuerza…al final, 8 años después ahí sigue Ortega sin ninguna consecuencia.

Entocnes qué pasa? Organismos como la ONU o la OEA se pasan la vida mandando comunicados y sanciones sin que nada cambie en el terreno. Las dictaduras no negocian con la lógica racional, no renuncian al poder con una declaración o una resolución. Y sin una fuerza externa con poder real para imponer cambios o proteger civiles, miles seguirán muertos o exiliados.

Y no, no nos equivoquemos
Este “hermano mayor” —como Estados Unidos recientemente con Irán y Venezuela — cuando interviene, no lo hace por buena fe ni por altruismo, incluso fueron super claros que lo hacían para beneficiar intereses gringos. intereses estratégicos, económicos y geopolíticos. Pero si no lo hacen ellos entonces qué? Siguen miles sufriendo, muriendo exiliándose, esperando que un poco de encorbatados en un café de Nueva York resuelvan todo a punta de comunicados?

¿Qué es peor? ¿Dejar que estas dictaduras sigan destruyendo a sus pueblos generación tras generación, o aceptar que el mundo real —con sus intereses y contradicciones— a veces exige un actor fuerte para romper “círculos herméticos” de opresión y violencia?

Es fácil hablar de autodeterminación de los pueblos desde la distancia, mientras la mayor libertad que tienen los oprimidos, es la libertad de morirse de hambre.

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