Editorial
¿EN QUÉ MOMENTO SABEMOS QUE ESTAMOS EN LA TERCERA GUERRA MUNDIAL?
Hay una curiosidad histórica que casi nadie menciona.
La Primera Guerra Mundial no se llamaba así mientras ocurría.
En su momento la gente la conocía como “La Gran Guerra” o simplemente “la guerra”.
Nadie le decía “Primera”.
Porque para que exista una primera, tiene que haber una segunda… y en 1914 nadie imaginaba que el mundo iba a repetir semejante locura.
Cuando estalla la guerra en 1939, tampoco la llaman Segunda Guerra Mundial.
Al principio era “la guerra en Europa”, “el conflicto con Alemania”, “la guerra contra el Eje”.
El término Segunda Guerra Mundial se populariza cuando ya el planeta entero estaba metido en el lío… y sobre todo después de que terminó.
Es decir:
las guerras mundiales casi nunca se reconocen como tal mientras están pasando.
Se entienden cuando ya es demasiado tarde.
Y aquí es donde la pregunta se pone incómoda.
Hoy tenemos a Rusia en guerra con Ucrania,
Israel y Estados Unidos enfrentado con Irán y sus proxies,
Irán atacando estados árabes del medio oriente,
submarinos hunden fragatas en sri lanka,
China tensando el tablero en Taiwán,
y conflictos regionales que cada vez conectan más entre sí.
No es un solo frente.
Es un sistema de conflictos que se están tocando entre sí.
Pero nadie lo llama Tercera Guerra Mundial.
Porque políticamente nadie quiere decir esa palabra.
Suena apocalíptico.
Asusta a los mercados.
Y obliga a los gobiernos a tomar decisiones que preferirían evitar.
Entonces lo que tenemos es una especie de eufemismo global.
Le dicen “crisis regional”,
“tensiones geopolíticas”,
“operaciones limitadas”.
Todo muy técnico… todo muy diplomático.
Pero la historia nos enseña algo:
las guerras mundiales no se anuncian con un comunicado de prensa.
Se van encendiendo poco a poco.
Un conflicto aquí.
Una alianza allá.
Una escalada militar que parecía imposible… hasta que ocurre.
Y cuando finalmente miras atrás y unes todos los puntos…
te das cuenta de algo incómodo:
ya estabas dentro de la guerra mundial… y ni cuenta te habías dado.
Así que la pregunta no es solo cuándo empieza.
La pregunta es cuándo nos damos cuenta.
Porque si la historia sirve de guía…
probablemente lo sabremos cuando los historiadores lo escriban.
No cuando los políticos lo admitan.
Editorial
[Editorial] El Tribunal Electoral le da vía libre a los maleantes para esconder noticias
El Tribunal Electoral, a pesar del rechazo que sufrió por tratar de censurar a los medios de comunicación, decidió multar a Foco Panamá con $1,500 por usar la foto de la diputada Yanibel Ábrego “sin su autorización”. Esta decisión, amparada en una interpretación equivocada del código de la familia, abre la puerta a que cualquier candidato a cualquier cargo pueda denunciar a medios de comunicación que expongan sus chanchullos.
Esta decisión no pasa en un vacío. En abril de este año, la Autoridad Nacional de Transparencia y Acceso a la Información, sin reparar en la ironía de su nombre, multó al diario La Prensa por considerar que la foto del diputado y Presidente del PRD era un dato personal protegido por la ley de protección de datos.
Este tipo de decisiones fomentan un espacio de autocensura, donde los medios de comunicación podrían comenzar a desistir de publicar información sobre candidatos para evitar el riesgo de ser denunciados y multados por un autoridad como el Tribunal Electoral, que a pesar de ser garante de la democracia, parece estar más enfocado en proteger maleantes.
Un torneo electoral sin el escrutinio por parte de los medios a quienes pretenden ocupar posiciones de poder y manejo de recursos es la receta para un desastre democrático. Los candidatos con las intenciones más perversas posibles tendrán rienda suelta a realizar campañas sin más fiscalización que la de la Fiscalía Electoral, que a la postre parece solo despertar de su estatus somnoliente para multar a medios de comunicación, obviando los claros ejemplos de delitos electorales perpetrados por ciertos candidatos.
Editorial
Editorial: Una resolución del Tribunal Electoral no cambia la verdad
La libertad de expresión y la libertad de prensa son pilares fundamentales de cualquier democracia saludable. Son los cimientos sobre los cuales se construye la sociedad civil y se sostiene el derecho de los ciudadanos a estar informados de manera libre y veraz. Hoy, nos encontramos en un momento crítico en el que debemos alzar la voz y reafirmar nuestro compromiso con estos principios, ya que enfrentamos una amenaza a nuestra misión como medios de comunicación y al derecho del público a conocer la verdad.
Recientemente, nuestro medio de comunicación ha sido blanco de una denuncia por parte de un expresidente condenado por lavado de dinero, un individuo que busca regresar al poder. Nos encontramos ante una paradoja que debería preocuparnos a todos: un individuo con un historial cuestionable intenta coartar la libertad de expresión y censurar la prensa independiente.
La resolución emitida por la Dirección de Organización del Tribunal Electoral, que prohíbe mencionar el nombre y publicar la foto de Ricardo Martinelli, es un claro atentado a la libertad de prensa y, en última instancia, a la democracia misma. No podemos permitir que se silencie a la prensa y se oculten los hechos a los ciudadanos bajo ninguna circunstancia. Como medio de comunicación, estamos comprometidos con la verdad, la transparencia y el deber de informar a la sociedad sobre acontecimientos relevantes.
Nuestra postura es clara y firme: no cederemos ante esta injusta restricción. Continuaremos ejerciendo nuestro deber de informar al público de manera imparcial y veraz. En estos 4 años de periodismo alternativo no nos han amedrentado ni las demandas, ni las denuncias, ni las amenazas. Y no nos amedrentarán las artimañas de aquellos que buscan ocultar sus acciones y silenciar a la prensa crítica. La libertad de prensa es inalienable, y la defenderemos con valentía.
La sociedad merece conocer la verdad, sin importar cuán incómoda o inconveniente pueda ser para algunos. La democracia se fortalece cuando los ciudadanos tienen acceso a información completa y sin censura, y no permitiremos que se socave este principio fundamental.
No nos rendiremos, no retrocederemos y no callaremos. La verdad prevalecerá y la verdad es que el señor Martinelli está condenado por lavado de dinero, la verdad es que el señor Martinelli tiene dos investigaciones en España por corrupción, la verdad es que el señor Martinelli está designado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos como un actor corrupto, la verdad es que el señor Martinelli está acusado de usar a sus amantes para recibir coimas de Odebrecht y la verdad es que los hijos del señor Martinelli fueron condenados por lavar dinero de Odebrecht. Esa es la verdad, son hechos, no opiniones, y ninguna resolución del Tribunal Electoral cambiará esos hechos.
Editorial
[Editorial] Ricardo Alberto y el periodismo.
Ricardo Alberto Lombana habla de la corrupción en sus redes y entrevistas, incluso frunce el ceño y manotea la mesa. Su discurso desde el 2018 ha sido el del combate a la corrupción. De hecho cuando muchos le pedían ideas fuera de ese tema, volvía al punto de la corrupción. Y amén por eso, estamos completamente de acuerdo en que la corrupción es el tema medular de las falencias institucionales en nuestro país. Sin embargo, una cosa es hablar del corrupto y otra verlo en persona. Y lastimosamente, a la hora de verlo en persona, a Ricardo Lombana se le olvidó su discurso. Quizá por los nervios, quizá por conveniencia, pero en ese momento solo atinó a decir sobre el expresidente Martinelli que “cree que ambos quieren lo mejor para este país”. Sí, según Ricardo Lombana y de su propia boca, el expresidente Martinelli, que gobernó debilitando la institucionalidad del país, que fue señalado por espiar a cualquiera que se atreviera a desafiarlo, que fue delatado por sus hijos como el cabecilla del lavado de dinero de Odebrecht por el cual estuvieron presos, que fue señalado por los Estados Unidos como corrupto, en una lista donde el único panameño que estaba era Manuel Antonio Noriega y que burla la justicia todavía 9 años después de haber salido de la presidencia. ¿Ese Ricardo Martinelli quiere lo mejor para este país?
Ricardo Alberto Lombana pudo haber aceptado que dijo lo que no debía, si quería ser honesto. O incluso pudo haber tratado de explicar a qué se refería cuando lo dijo, quizá tiene una razón válida. Quizá Ricardo Lombana ha cambiado su discurso, quizá ya no piensa que Ricardo Martinelli es un corrupto que no debe llegar a la presidencia como lo ha expresado en múltiples ocasiones, sino que ahora piensa que Ricardo Martinelli no es más que otro actor político válido y cree que “quiere lo mejor para este país”.
Pero no, Ricardo Lombana hizo lo que siempre hace la clase política que él tanto critica y de la que tanto esfuerzo hace para distanciarse: Pintó la publicación de Foco como un ataque político del poder económico. Con eso se suma a las filas de políticos como Benicio Robinson, Yanibel Ábrego, Raúl Pineda, Zulay Rodríguez, Miguel Fanovich y claro, Ricardo Martinelli. Quizá Martinelli tenía razón en el mismo video que sacamos cuando dijo que “tenían más en común de lo que la gente se imagina”.
Porque el periodismo es así, la crítica del periodista es válida hasta que la crítica me afecta a mí o a mis intereses. La labor periodística es válida y aplaudida, siempre y cuando sea para otros. Y así, Ricardo Alberto Lombana deja ver su opinión sobre el periodismo y quizá un vistazo a lo que sería su presidencia: el periodismo cool, siempre y cuando no me toques a mí.
En Foco nos hemos enfrentado de manera directa a los principales actores políticos corruptos, nuestra labor es informar de manera frontal y valiente. Estamos convencidos que solo enfrentando con valentía y de manera directa a los corruptos estamos verdaderamente buscando lo mejor para este país.

