Opinión
[Opinión] GRAN RETO PARA EL NUEVO GOBIERNO: PANAMÁ EN LA ENCRUCIJADA DEL CAMBIO
Por: RODERICK R. GUTIÉRREZ PÉREZ
ESPECIALISTA EN GESTIÓN Y PLANIFICACIÓN AMBIENTAL
Instagram: @medioambienteyprogreso
Con la victoria del señor José Raúl Mulino, como Presidente Electo de Panamá,para el período 2024-2029, el país se enfrenta a un momento crucial en su historia. Las tres principales agencias calificadoras de riesgo, Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch Ratings, han delineado los desafíos que el nuevo gobierno debe abordar de manera urgente, tales como: la legalidad y apertura de la Mina Cobre Panamá, afrontar la deuda externa y afrontar el desafío de la seguridad hídrica para el Canal de Panamá, temas cruciales según las agencias calificadoras, y alafrontarlos adecuadamente le regresarían la credibilidad y confianza a los inversionistas que tienen los ojos puestos en nuestro país.
Abordar el tema de Cobre Panamá, es fundamental y de máxima relevancia para el desarrollo sostenible de nuestro país. Se ha sustentado con múltiples evidencias la inexistencia de contaminación o de incumplimiento de aspectos ambientales, sociales o económicas, a pesar de que ciertos sectores intenten decir lo contrario. El nuevo gobierno se enfrenta al desafío de articular una solución integral, priorizando la responsabilidad ambiental, la sostenibilidad y la equidad, con el propósito de generar beneficios tangibles para la población panameña.
Afrontar la deuda externa es otro gran reto para las nuevas autoridades de Panamá, la cual se encuentra en una situación desafiante, alcanzados niveles preocupantes en las últimas décadas. Esto se puede sumar a lo que establezcan las demandas de arbitraje ya interpuestas en contra de Panamá, por la mala administración y la falta de gobernanza y trasparencia. Es imperativo que el nuevo gobierno implemente medidas eficaces para gestionar esta deuda de manera responsable, reduciendo así la dependencia del país de préstamos externos y promoviendo un crecimiento económico sólido y sostenible.
Por otro lado, pero no menos importante, la seguridad hídrica del Canal de Panamá, proyecto insigne de Panamá, el cual es vital para la economía del país y el comercio internacional. El nuevo gobierno debe priorizar la protección y gestión adecuada de los recursos hídricos que alimentan el Canal de Panamá, asegurando así su funcionamiento continuo y eficiente. Esto implica tomar medidas concretas para prevenir la escasez de agua y garantizar la sostenibilidad ambiental a largo plazo. Los fenómenos cíclicos como el Fenómeno del Niño y elFenómeno de la Niña, seguirán regresando cada cierto periodo, y Panamá, debe planificar desde ya, lo que puede ser el mayor problema del agua. De no hacerloya no será por falta del vital líquido, sino por falta de planificación, porque agua hay, lo que no hay es un plan a largo plazo un proyecto país, que garantice su estabilidad en el tiempo. Somos privilegiados solo tenemos que empezar a planificar bien.
Además de los desafíos mencionados anteriormente, el nuevo gobierno también debe abordar otros problemas urgentes, como el déficit en la Caja del Seguro Social, el Tema de la Basura ya como un problema de grandes magnitudes ambientales y de seguridad pública, la percepción de corrupción que socava la confianza en las instituciones del país y el creciente problema del desempleo, agravado por el cierre abrupto de la mina. Estos desafíos requieren una acción decisiva y coordinada por parte de las autoridades para restaurar la confianza del pueblo panameño en sus líderes y en el sistema en su conjunto y esto solo se puede hacer con los mejores hombres y mujeres que estén dispuestos a trabajar por Panamá.
A pesar de los desafíos que enfrenta, Panamá, este país sigue teniendo un futuro prometedor por delante. Es crucial que el nuevo gobierno trabaje en colaboración con el pueblo panameño para superar estos desafíos y construir un país más próspero, equitativo y sostenible para todos.
Es hora de dejar atrás los mitos y las divisiones, y avanzar juntos hacia un futuro mejor, Panamá ya no está para más improvisaciones.
Editorial
DE GUSANOS A “INVERSORES”
Durante décadas, el régimen cubano tuvo un nombre claro para quienes decidían abandonar la isla: “gusanos”.
Desde 1959, emigrar no era solo irse del país; era convertirse en traidor, en vendido, en enemigo de la revolución. A esos cubanos se les cerraron las puertas, se les confiscaron propiedades y se les borró del relato oficial. No existían, salvo como ejemplo de lo que no se debía ser.
Hoy, ese mismo régimen parece haber hecho las paces con la realidad. Porque esos “gusanos” ahora son bienvenidos… siempre y cuando lleguen con capital.
Lo anunciado recientemente en Cuba suena, sin exagerar, a una especie de perestroika tropical. Un intento de apertura económica que recuerda inevitablemente a lo ocurrido en la Unión Soviética en los años 80, cuando un sistema agotado comenzó a flexibilizarse no por convicción ideológica, sino por pura necesidad.
El detalle no menor es quién dio el anuncio. No fue el presidente. No fue un ministro. Fue el nieto de Fidel y Raúl Castro. El apellido, una vez más, ocupando el centro del escenario.
Esto abre interrogantes inevitables. ¿Se trata realmente de una política de Estado o de una señal de que el poder sigue concentrado en los mismos de siempre? Y más aún: ¿hay detrás de este movimiento algún tipo de negociación con Estados Unidos, incluso condicionada a cambios en la cúpula política, como la eventual salida de Díaz-Canel?
Más allá de las especulaciones, los cambios anunciados son claros.
Primero, se abre la puerta a que los cubanos en el exterior puedan invertir formalmente en la isla. Segundo, se reconoce —aunque sin decirlo explícitamente— el peso económico del exilio, ese mismo que durante décadas fue despreciado. Tercero, se prometen menos trabas para facilitar la entrada de capital. Y cuarto, se priorizan sectores clave como el turismo, la infraestructura y los negocios privados.
En términos simples: el mismo sistema que expulsó a miles de cubanos ahora les envía una invitación de regreso, con condiciones incluidas.
La ironía es difícil de ignorar. Durante años, el discurso oficial posicionó al capitalismo como el gran enemigo. Hoy, ese mismo sistema parece decir: “vengan y sálvennos con su dinero”.
Cuando la ideología choca con la realidad económica, la historia ha demostrado que la ideología suele ceder. El papel aguanta todo, de lado y lado, pero las economías no.
La gran pregunta es si esto representa una apertura genuina o simplemente otro parche para prolongar la vida de un modelo que lleva años mostrando signos de desgaste.
Porque si algo enseñó la experiencia soviética es que las aperturas controladas, cuando llegan tarde, rara vez terminan bajo control.
Cuba parece estar entrando en ese terreno.
Y así, sin mucho ruido, el régimen pasa de llamar “gusanos” a sus exiliados… a verlos como inversores potenciales.
Cosas del comunismo cuando empieza a oler a mirto.
Editorial
POR QUÉ A VECES SE NECESITA QUE UN “HERMANO MAYOR” INTERVENGA
Esta es una opinión muy impopular, pero pero cada día parece ser más la realidad.
En países donde los regímenes opresores se aferran al poder con violencia —como Venezuela, Cuba Nicaragua o Irán — no existen mecanismos sociales ni políticos que permitan una transición real hacia la libertad sin una intervención externa de un actor poderoso, como me gusta decirle “hermano mayor” . No es tema de izquierda o derecha —los regímenes totalitarios vienen en todos los colores y sabores—, pero la historia muestra que sin ese “hermano mayor” global, las dictaduras se perpetúan por generaciones.
Por ejemplo Irán, masivas protestas recientes por derechos civiles y libertades básicas han sido calladas con violencia extrema. Organizaciones de derechos humanos han reportado decenas de miles de muertos y arrestadas. Mientras el mundo entero se da cuenta que a punta de comunicados de la ONU y cadenas de oración absolutamente NADA CAMBIA.
Mira Nicaragua por ejemplo, en 2018, una ola de protestas contra el gobierno de Ortega fue brutalmente reprimida por el Estado, dejando más de 300 muertos en un mes y miles de exiliados a la fuerza…al final, 8 años después ahí sigue Ortega sin ninguna consecuencia.
Entocnes qué pasa? Organismos como la ONU o la OEA se pasan la vida mandando comunicados y sanciones sin que nada cambie en el terreno. Las dictaduras no negocian con la lógica racional, no renuncian al poder con una declaración o una resolución. Y sin una fuerza externa con poder real para imponer cambios o proteger civiles, miles seguirán muertos o exiliados.
Y no, no nos equivoquemos
Este “hermano mayor” —como Estados Unidos recientemente con Irán y Venezuela — cuando interviene, no lo hace por buena fe ni por altruismo, incluso fueron super claros que lo hacían para beneficiar intereses gringos. intereses estratégicos, económicos y geopolíticos. Pero si no lo hacen ellos entonces qué? Siguen miles sufriendo, muriendo exiliándose, esperando que un poco de encorbatados en un café de Nueva York resuelvan todo a punta de comunicados?
¿Qué es peor? ¿Dejar que estas dictaduras sigan destruyendo a sus pueblos generación tras generación, o aceptar que el mundo real —con sus intereses y contradicciones— a veces exige un actor fuerte para romper “círculos herméticos” de opresión y violencia?
Es fácil hablar de autodeterminación de los pueblos desde la distancia, mientras la mayor libertad que tienen los oprimidos, es la libertad de morirse de hambre.
Editorial
¿EN QUÉ MOMENTO SABEMOS QUE ESTAMOS EN LA TERCERA GUERRA MUNDIAL?
Hay una curiosidad histórica que casi nadie menciona.
La Primera Guerra Mundial no se llamaba así mientras ocurría.
En su momento la gente la conocía como “La Gran Guerra” o simplemente “la guerra”.
Nadie le decía “Primera”.
Porque para que exista una primera, tiene que haber una segunda… y en 1914 nadie imaginaba que el mundo iba a repetir semejante locura.
Cuando estalla la guerra en 1939, tampoco la llaman Segunda Guerra Mundial.
Al principio era “la guerra en Europa”, “el conflicto con Alemania”, “la guerra contra el Eje”.
El término Segunda Guerra Mundial se populariza cuando ya el planeta entero estaba metido en el lío… y sobre todo después de que terminó.
Es decir:
las guerras mundiales casi nunca se reconocen como tal mientras están pasando.
Se entienden cuando ya es demasiado tarde.
Y aquí es donde la pregunta se pone incómoda.
Hoy tenemos a Rusia en guerra con Ucrania,
Israel y Estados Unidos enfrentado con Irán y sus proxies,
Irán atacando estados árabes del medio oriente,
submarinos hunden fragatas en sri lanka,
China tensando el tablero en Taiwán,
y conflictos regionales que cada vez conectan más entre sí.
No es un solo frente.
Es un sistema de conflictos que se están tocando entre sí.
Pero nadie lo llama Tercera Guerra Mundial.
Porque políticamente nadie quiere decir esa palabra.
Suena apocalíptico.
Asusta a los mercados.
Y obliga a los gobiernos a tomar decisiones que preferirían evitar.
Entonces lo que tenemos es una especie de eufemismo global.
Le dicen “crisis regional”,
“tensiones geopolíticas”,
“operaciones limitadas”.
Todo muy técnico… todo muy diplomático.
Pero la historia nos enseña algo:
las guerras mundiales no se anuncian con un comunicado de prensa.
Se van encendiendo poco a poco.
Un conflicto aquí.
Una alianza allá.
Una escalada militar que parecía imposible… hasta que ocurre.
Y cuando finalmente miras atrás y unes todos los puntos…
te das cuenta de algo incómodo:
ya estabas dentro de la guerra mundial… y ni cuenta te habías dado.
Así que la pregunta no es solo cuándo empieza.
La pregunta es cuándo nos damos cuenta.
Porque si la historia sirve de guía…
probablemente lo sabremos cuando los historiadores lo escriban.
No cuando los políticos lo admitan.

