Opinión
[Opinión] ¡¡La Inacción funciona para quién!!
Artículo por:
José Armando Palma
Consultor Ambiental Independiente
La Inacción, se dice que es la falta de acción; lo contrario sería la acción, que es el resultado o la consecuencia de hacer, generar, producir o ejecutar algo. Una vez promulgado en Gaceta Oficial el fallo de la Corte Suprema de Justicia en relación al contrato minero, el Órgano Ejecutivo, y en su defecto el Ministerio de Comercio e Industrias (MICI), tomó la decisión de ordenar la finalización de las operaciones de extracción, así como, todas las actividades mineras en general y por añadidura, suspender toda actividad de la minería metálica en el país. Esta decisión, propició un cese abrupto e intempestivo de las actividades y operaciones que se venían desarrollando en el Proyecto Cobre Panamá de manera ordenada y cumpliendo con los más altos estándares y normas vigentes en apego al estricto derecho.
El MICI le solicitó el día 29 de diciembre de 2023 a Minera Panamá, S.A., lapresentación de un Plan de Preservación y Gestión Segura (PGS), que permitirá garantizar la estabilidad física y química de los componentes delProyecto Cobre Panamá.
A la fecha del 16 de enero de 2024, Minera Panamá, S.A., presento el PlanInicial para la Preservación y Gestión Segura (PGS), el cual fue remitido el 24 de enero de 2024 a la Comisión Intergubernamental, quienes emitieron opinión y sugerencias; y para el 5 de marzo, el Ministerio de Comercio e Industrias (MICI) solicitó ampliaciones al Plan de Preservación y Gestión Segura (PGS), las mismas entregadas el 26 de marzo de 2024.
Para los días 3, 4, 5, 10 y 11 de abril, miembros de esta ComisiónIntergubernamental realizaron inspecciones y fueron atendidos por personaltécnico en el proyecto; y posteriormente, cada institución emitió su respectivoinforme. El MICI posteriormente generó un Informe Compilado InspecciónIntergubernamental a Mina Cobre Panamá.
Este mismo Informe en su página N.º 16, Recomendaciones, dicetextualmente:
• Priorizar la exportación del concentrado de cobre almacenado paraevitar los riesgos ya mencionados y a fin de mantener espacio libre requerido para producir arena para IMR (Instalación de Manejo de Relaves).
En el Plan Ampliado del PGS, en sus Conclusiones, sugiere: Hay acciones bajo el PGS que requieren la atención urgente de la autoridad competente, garantizar de manera sostenible la estabilidad física y química del sitio.
Ya con anterioridad, el Procurador de la Administración Rigoberto González opinó que, de ser comercializado, el dinero del concentrado de cobre que aún se mantiene almacenado debe ser utilizado para el Plan de Preservación y Gestión Segura.
El Expresidente del Colegio Nacional de Abogados, Juan Carlos Araúz, explicó que el concentrado de cobre que se encuentra acumulado en el Proyecto Cobre Panamá fue extraído durante la existencia de una concesión promulgada como Ley y el Código de Recursos Minerales vigente en el Capítulo II y el Artículo 2 dice “Los minerales extraídos mediante concesiones mineras otorgadas de conformidad con este Código pertenecen al concesionario” por lo tanto se le reconoce la propiedad a la empresa. Arauz indica que corresponde al MICI agilizar los trámites para que la empresa pueda disponer del material.
Hay opiniones de grupos ambientalistas que visitaron el Proyecto y expresaron su preocupación por el concentrado de cobre, y dieron opiniones diversas, pero en particular sobre el almacenaje y la salida del concentrado de cobre, “Esta demora ha generado preocupación entre los grupos ambientalistas, quienes temen por los riesgos ambientales y de salud para las comunidades cercanas debido a la exposición prolongada del material. El Comité Panameño de la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN), sugiere que la lentitud del gobierno podría deberse a su intención de dejar esta responsabilidad al próximo gobierno, aunque insiste en la necesidad urgente de sacar el material del sitio”.
En el Informe del Centro de Incidencia Ambiental (CIAM) se lee y recomiendalo siguiente: “Sin embargo, por el almacenaje que tiene actualmente se está calentando hasta unos 70º centígrados. Además de mostrar evidencia de la generación de sulfuros de hidrogeno y sulfuro de carbono. Estos gases son corrosivos y con la capacidad de generar ácidos. Además de que son fáciles de inhalar, por lo que son un riesgo a las personas próximas. Todo lo cual implica darle un manejo y salida a este material potencialmente tóxico. Sin embargo, es necesario que el mismo sea realizado en todo momento de acuerdo con lo que establecen los criterios legales y en función única del interés del país. Lo cual no indica dilatar los procesos administrativos, por las implicaciones que una demora pueda tener.
A criterio del Presidente de la Cámara de Comercio y Agricultura de Panamá,Juan Arias, y que tocó el tema del proyecto minero y el limbo en que seencuentra la búsqueda de soluciones y que el hecho de tener 132,000 toneladas se considera un riesgo de gran magnitud y todavía más crítico lapérdida de dinero, que no se tiene, pero reitera que se venda y que el producto de la venta quede en un fideicomiso hasta que se determine a quiénle pertenece, esto en respuesta a la posición del Ministro del MICI, JorgeRivera Staff, el cual se refirió a que esta decisión se la dejaban a la nuevaadministración y que ellos no tenían el tiempo para realizarla antes del 1 de julio de 2024.
Qué fácil es salir por la puerta de atrás. Uno debe ser consecuente con elejercicio del trabajo para el cual se le nombró y asumió para resolversituaciones, y no haber esperado tanto tiempo para ahora justificar que no setiene el tiempo, Sr. ministro Staff.
Desde diciembre de 2023 se generaron diferentes puentes de comunicación,notas, memorandos, creación de comisiones, visitas, informes y además, elMICI cuenta con personal técnico para abordar este tema y creo que se hubiesen obtenido respuestas prácticas y no comprometedoras, que es talvez el porqué de la inacción.
Después de este pequeño análisis del tiempo transcurrido y las diferentesopiniones y acciones que se hicieron, ¿qué más hizo falta? Solo me quedapensar y especular. ¿Sería falta de voluntad, criterio técnico o pago político?
Los países crecen y se desarrollan en la medida que sus gobernantes agilicen y promuevan la inversión económica, sea del sector público o sector privado.
Gracias por su tiempo y gestión Señor Ministro Staff. Saludos y buen retornoa sus actividades laborales privadas.
Editorial
POR QUÉ A VECES SE NECESITA QUE UN “HERMANO MAYOR” INTERVENGA
Esta es una opinión muy impopular, pero pero cada día parece ser más la realidad.
En países donde los regímenes opresores se aferran al poder con violencia —como Venezuela, Cuba Nicaragua o Irán — no existen mecanismos sociales ni políticos que permitan una transición real hacia la libertad sin una intervención externa de un actor poderoso, como me gusta decirle “hermano mayor” . No es tema de izquierda o derecha —los regímenes totalitarios vienen en todos los colores y sabores—, pero la historia muestra que sin ese “hermano mayor” global, las dictaduras se perpetúan por generaciones.
Por ejemplo Irán, masivas protestas recientes por derechos civiles y libertades básicas han sido calladas con violencia extrema. Organizaciones de derechos humanos han reportado decenas de miles de muertos y arrestadas. Mientras el mundo entero se da cuenta que a punta de comunicados de la ONU y cadenas de oración absolutamente NADA CAMBIA.
Mira Nicaragua por ejemplo, en 2018, una ola de protestas contra el gobierno de Ortega fue brutalmente reprimida por el Estado, dejando más de 300 muertos en un mes y miles de exiliados a la fuerza…al final, 8 años después ahí sigue Ortega sin ninguna consecuencia.
Entocnes qué pasa? Organismos como la ONU o la OEA se pasan la vida mandando comunicados y sanciones sin que nada cambie en el terreno. Las dictaduras no negocian con la lógica racional, no renuncian al poder con una declaración o una resolución. Y sin una fuerza externa con poder real para imponer cambios o proteger civiles, miles seguirán muertos o exiliados.
Y no, no nos equivoquemos
Este “hermano mayor” —como Estados Unidos recientemente con Irán y Venezuela — cuando interviene, no lo hace por buena fe ni por altruismo, incluso fueron super claros que lo hacían para beneficiar intereses gringos. intereses estratégicos, económicos y geopolíticos. Pero si no lo hacen ellos entonces qué? Siguen miles sufriendo, muriendo exiliándose, esperando que un poco de encorbatados en un café de Nueva York resuelvan todo a punta de comunicados?
¿Qué es peor? ¿Dejar que estas dictaduras sigan destruyendo a sus pueblos generación tras generación, o aceptar que el mundo real —con sus intereses y contradicciones— a veces exige un actor fuerte para romper “círculos herméticos” de opresión y violencia?
Es fácil hablar de autodeterminación de los pueblos desde la distancia, mientras la mayor libertad que tienen los oprimidos, es la libertad de morirse de hambre.
Editorial
¿EN QUÉ MOMENTO SABEMOS QUE ESTAMOS EN LA TERCERA GUERRA MUNDIAL?
Hay una curiosidad histórica que casi nadie menciona.
La Primera Guerra Mundial no se llamaba así mientras ocurría.
En su momento la gente la conocía como “La Gran Guerra” o simplemente “la guerra”.
Nadie le decía “Primera”.
Porque para que exista una primera, tiene que haber una segunda… y en 1914 nadie imaginaba que el mundo iba a repetir semejante locura.
Cuando estalla la guerra en 1939, tampoco la llaman Segunda Guerra Mundial.
Al principio era “la guerra en Europa”, “el conflicto con Alemania”, “la guerra contra el Eje”.
El término Segunda Guerra Mundial se populariza cuando ya el planeta entero estaba metido en el lío… y sobre todo después de que terminó.
Es decir:
las guerras mundiales casi nunca se reconocen como tal mientras están pasando.
Se entienden cuando ya es demasiado tarde.
Y aquí es donde la pregunta se pone incómoda.
Hoy tenemos a Rusia en guerra con Ucrania,
Israel y Estados Unidos enfrentado con Irán y sus proxies,
Irán atacando estados árabes del medio oriente,
submarinos hunden fragatas en sri lanka,
China tensando el tablero en Taiwán,
y conflictos regionales que cada vez conectan más entre sí.
No es un solo frente.
Es un sistema de conflictos que se están tocando entre sí.
Pero nadie lo llama Tercera Guerra Mundial.
Porque políticamente nadie quiere decir esa palabra.
Suena apocalíptico.
Asusta a los mercados.
Y obliga a los gobiernos a tomar decisiones que preferirían evitar.
Entonces lo que tenemos es una especie de eufemismo global.
Le dicen “crisis regional”,
“tensiones geopolíticas”,
“operaciones limitadas”.
Todo muy técnico… todo muy diplomático.
Pero la historia nos enseña algo:
las guerras mundiales no se anuncian con un comunicado de prensa.
Se van encendiendo poco a poco.
Un conflicto aquí.
Una alianza allá.
Una escalada militar que parecía imposible… hasta que ocurre.
Y cuando finalmente miras atrás y unes todos los puntos…
te das cuenta de algo incómodo:
ya estabas dentro de la guerra mundial… y ni cuenta te habías dado.
Así que la pregunta no es solo cuándo empieza.
La pregunta es cuándo nos damos cuenta.
Porque si la historia sirve de guía…
probablemente lo sabremos cuando los historiadores lo escriban.
No cuando los políticos lo admitan.
Opinión
Homo administrator (Primates: Hominidae): la especie que necesita el mundo de hoy
Por Samuel Sucre
Los humanos (Homo sapiens) solemos describirnos como “la especie que piensa”: capaces de abstracción, de ciencia, de arte y de proyectos que en otras épocas parecían imposibles. Pero hay una cualidad igual de definitoria, y hoy más urgente, que rara vez ponemos al centro de nuestra identidad: la capacidad de administrar.
Administrar no es dominar. No es destruir, ni explotar por explotar. Administrar es organizar el uso de algo en el tiempo, con reglas, incentivos y límites, para que ese “algo” siga existiendo y siga generando bienestar. Y si hay una época en la que esa habilidad debería ser nuestro sello, es esta: una era de crisis ambientales globales, donde la pregunta no es si los humanos merecemos o no existir, sino qué tipo de humanos decidimos ser.
A veces aparecen corrientes ambientales que, con rabia o desesperanza, coquetean con la idea de que la extinción humana sería “la solución” a los problemas ambientales. Entiendo el cansancio que produce ver ecosistemas degradados, especies en declive, metas incumplidas y promesas rotas. Pero esa postura, además de impracticable, contradice la esencia de un ambientalismo serio: cómo construir una convivencia sostenible a largo plazo, que preserve la biodiversidad y la dignidad humana.
En este contexto, me resulta una lástima que nuestro epíteto específico no haya sido administrator. Porque, nos guste o no, el planeta de hoy no necesita que el humano desaparezca: necesita que el humano aprenda a administrar.
Durante décadas, una parte de la agenda ambiental ha descansado demasiado en un reflejo prohibicionista: más restricciones, más barreras, más trámites, más castigos. La intención suele ser buena: “si restringimos el acceso, reducimos el daño”. Pero el resultado, con frecuencia, es otro: se reduce el acceso formal y sostenible, y se empuja el uso hacia la informalidad, donde no hay planificación, monitoreo ni reglas reales.
Cuando el acceso legal a recursos renovables se vuelve un laberinto que solo pueden navegar quienes tienen tiempo, capital y contactos, ocurre una paradoja dolorosa: el ciudadano común queda fuera, las élites se quedan con las oportunidades, y la presión sobre el recurso no desaparece… solo cambia de forma.
Si el enfoque estuviera funcionando de manera consistente, hoy veríamos señales claras y generalizadas: cumplimiento sostenido de metas, recuperación amplia de poblaciones amenazadas, reducción robusta de economías ilegales asociadas a recursos naturales, y una disminución marcada de la pérdida de hábitat, entre otras. Pero la realidad es más compleja: en muchas regiones de alta biodiversidad la degradación persiste, la desigualdad se agrava y los mercados informales siguen siendo atractivos porque, en ausencia de alternativas, son la única puerta abierta.
Pensemos en una persona rural sin ingreso estable, con familia que alimentar, viviendo en un lugar sin servicios básicos. Frente a su casa hay un parche de bosque. La pregunta real que enfrenta no es filosófica: es inmediata. Si ese bosque no le da comida, ni medicina, ni ingreso, ni seguridad, y podría destruirlo para producir alimento, ¿por qué lo protegería?
Pedirle que elija “el hábitat” por encima de sus hijos es, como mínimo, exigir heroísmo como política pública. Y una política pública basada en el heroísmo fracasa casi siempre.
Ahora cambiemos el escenario. ¿Qué pasa si esa persona puede acceder de forma fácil y legal al valor de ese bosque mediante usos sostenibles, monitoreables, formalizables, con reglas claras, que le den una vida decente? Entonces la pregunta cambia por completo:
“¿Por qué voy a destruir este hábitat si me sostiene?”
Ahí aparece el núcleo de lo que propongo: la conservación no puede tratarse solo de regular; debe aprender a incentivar. Y debe hacerlo con seriedad, sin infantilizar a la gente ni romantizar la pobreza.
La sostenibilidad tiene tres pilares: ambiental, social y económico. Es fácil repetirlo pero difícil diseñarlo. Cuando uno de esos pilares se ignora, la estructura colapsa: Si solo cuidamos lo ambiental, pero destruimos las oportunidades de vida de las comunidades, creamos resentimiento y economías paralelas; Si solo cuidamos lo económico, degradamos la base natural que sostiene cualquier economía; Si solo cuidamos lo social sin medios materiales, el proyecto se vuelve simbólico y frágil.
Administrar es aceptar que la naturaleza no es un museo y solo de uso contemplativo, pero tampoco una mina infinita. Administrar es reconocer algo incómodo: toda sociedad depende de los recursos naturales. La diferencia moral y ecológica no está en depender, sino en cómo suplimos la dependencia: con modelos extractivos o con modelos sostenibles.
Un error frecuente es meter todo en la misma bolsa: “uso humano” como sinónimo de daño. Pero no todos los usos son equivalentes, ni todos los actores son iguales. Hay quienes no quieren considerar el ambiente. Y hay quienes sí quieren, pero no pueden, porque el sistema los expulsa: requisitos imposibles, trámites interminables, costos que una familia no puede asumir. Esa distinción importa. Si la política pública no la reconoce, termina castigando al que intenta hacerlo bien y premiando al que opera fuera del sistema.
Si queremos una economía más sostenible y un planeta más habitable, tenemos que salir de la caja de “más regulación por defecto” y entrar en la caja de administración inteligente: reglas simples, claras y fiscalizables; incentivos reales para la formalidad; acceso democrático a modelos sostenibles; monitoreo basado en evidencia; y consecuencias proporcionales, enfocadas en quienes destruyen deliberadamente.
Necesitamos menos discursos que suenan bien y más sistemas que funcionen en el mundo real. Si queremos desarrollar economías verdes y sostenibles, tenemos que crear políticas públicas que tomen en cuenta los mercados, no que los ignoren esperando que desaparezcan por arte de magia, y que incentiven actividades sostenibles, no que las vuelvan imposibles de iniciar para la mayoría.
El mundo no necesita que el humano renuncie a existir. Necesita que el humano evolucione en carácter y en diseño institucional. Tal vez el nombre que nos corresponde, en esta etapa, no es sólo Homo sapiens. Tal vez lo que el siglo exige es que aprendamos a ser, por fin:
Homo administrator.

